La verdad que queremos gritar
“Cristo murió por mí, sin importar cuántas máscaras pude tener.”

Quizá aprendiste a bromear para que nadie pregunte cómo estás. Quizá te escondes detrás de una imagen, una reputación o una máscara. A lo mejor te han dicho que ya arruinaste demasiado, que no tienes remedio o que Dios no podría querer a alguien como tú.
Eso no es el final de tu historia. Dios te conoce por completo: no solo la versión que enseñas en público. Conoce tu pasado, tus decisiones, tus heridas y lo que todavía te cuesta decir. Su amor no depende de que primero te vuelvas perfecto.
Jesús no esperó a que estuviéramos sin heridas para amarnos. En la cruz cargó con nuestro pecado y abrió el camino para volver a Dios. En Él hay perdón, una identidad que no depende de la aprobación de la gente y fuerza para empezar otra vez.
Fuimos creados a imagen de Dios; y Dios mostró su amor por nosotros en Cristo.Génesis 1:27 · Romanos 5:8
La máscara puede cubrir un rostro, pero no puede esconderte de Cristo. No tienes que acercarte con un discurso perfecto. Ven con tus dudas, cansancio, culpa o miedo. Ven como estás; deja que Jesús empiece a transformarte.